Bajo un espejo de reflejos
permanecen, en calma, las cristalinas aguas
entre cañizos y ramas.
Un ave altiva se asea
sobre un colchón de ondas
gozando del baile de matices y tonos
que al filtrase la luz
nacen y se dispersan.
En silencio,
con la respiración contenida,
me mantengo alerta
confiando, sin esperanza,
la aparición de una catarsis mágica
absolución de imaginadas culpas,
exaltación de las ansias
arrebato vehemente de los sentidos.
Oscurece, las sombras
conducen la calma
conciliando pasiones y odios,
euforias y depresiones,
horrores, manías, pánicos y ascos.
Recupero antiguos ánimos
emergiendo del ostracismo
que me retenía sin cadenas
asomando, sin prisa, resucitados momentos
fagocitados por la vorágine del tiempo.






