De la cintura,
enamorados,
salimos del local.
La tranquila noche incitaba al amor
y por primera vez
nuestros besos lo sellaron.
El suelo tembló bajo nuestros pies
las piedras saltaban sin destino,
mil voces,
perros aullando en la distancia.
El horror nos fundió en un abrazo
que pudo ser el último.
Por fin el mundo se detuvo
y nos encontramos perdidos en la gran ciudad.
En homenaje al pueblo japonés.
En Marzo del pasado año fué por el pueblo chileno
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